viernes, 10 de mayo de 2013

MADRE

MADRE Dichosa mujer que en tu vientre engendras ese nuevo ser de tu descendencia, con hilos de luna le tejes su cuna a ese ser inocente pero inteligente, pues sabe robarse tu amor enterito desde el primer momento en que es concebido; y es que el muy bandido, salió atrevido te remueve adentro, alborota todo te hace sufrir de achaques y vómito, síntomas terribles que antes jamás lo habías sentido; más tu amor inmenso vence todo eso, proteges, lo cuidas con todo tu empeño. No te importa si este nuevo ser que invade tu interno destruye la forma de tu esbelto cuerpo volviéndolo feo y con marcas rudas, grabadas, imborrables, tu piel forman surcos como realizados con ardiente acero. Apenas te enteras que estás encinta, te vuelves leona, preparas camisa, te sientes realizada mujer como nadie, ilumínase tu rostro, te ves mas divina sonríes a todos hasta a la vecina que otras veces tantas ni la conocías. Todo en tí es orgullo, lo único que quieres demostrar al mundo tu barriga hinchada cual terrestre globo; sientes sus patadas, no puedes dormir, más, nada te importa , porque todo eso en vos se atesora, tu barriga es cofre que guarda celoso de todos los trofeos tan grande tesoro. Llegado el momento ábrese el cofre desúnense los huesos, dilátase el útero se parte el firmamento, gritas boca llena pero no de rabia, piensas que es dolor porque tus entrañas siendo están cortadas, sientes desgarradas, ¡más no!, no es por ese dolor, realmente sabes muy en tu interior el fiero dolor es tu subconsciente te avisa inclemente porque en tu vientre ya no estará mas, el fruto que unido por nueve largos meses con amor traías atado del cordón umbilical. A veces normal, otras a la fuerza, es sacado tu hijo por ley de la vida que su cofre santo tenga que dejar, sabes por instinto de ser maternal aunque sea tu vida la tienes que dar con tal de que nazca tu amor terrenal. Su primer llorito pártete el alma, como loba miras si el doctor lo cuida, lo limpia ves que no lo mima, así que no esperas y aún con su traje invisible envuelto de Misericordia plena de El Ser Supremo lo pones en tu pecho, le llenas de besos, tu cuerpo adolorido, ¡Qué importa eso! primero quieres tu bebé esté sano, lo cobijen presto, que ni el viento toque tu retoño bello. Llena de cariño le extiendes tu seno para alimentarlo no importa si ello destruirá su forma de volcán al cielo. Ahora solo importa el hijo que con tanto anhelo desde ya es tu orgullo, tu luz, tu lucero. Media vida haz dado, la otra mitad se lo irás dando a medida que tul bebé crezca, vaya a la escuela, vuélvase ya joven, termine su estudio. Llegará a adulto y vos con tu pelo blanco cual la nieve, tu cuerpo envejecido de arrugas lleno le sigues amando con igual esmero. Envejeció el cuerpo mas tu amor por tu hijo sigue joven , firme y fresco como el primer día cuando vino al mundo y con su gemido arrebató tu calmado cielo. Durante su vida le impartes consejo, mimos, abrazos y besos, le hechas bendiciones, perdonas errores, toda tu sabiduría amorosa entregas no te guardas nada, lo amas con el alma, tu hijo si es agradecido se volverá de vos, tu mas fiel reflejo. Por ello y por todo lo que por mí haz echo hoy que es tu día, te bendigo MADRE, doy gracias al cielo porque te creó con tanto amor, paciencia y celo. Felíz analizo ¡cuánto vales madre! Que hasta el Creador quiso tener Madre. Bendito tu vientre, que me dió la vida benditos tus senos que me alimentaron, me dieron amor, calor y afecto, Sin lugar a dudas ¡Oh querida Madre! no hay otro amor más puro que se iguale al tuyo, amor verdadero y único en el mundo. Autora: Susy González G. USA-NJ, 05/07/2013 Todos los derechos reservados. Esta obra está protegida por las leyes de copyright y tratados internacionales. © 2013 Safe Creative —USA

sábado, 8 de mayo de 2010

DEDICADO A MI MADRE "PANCHITA"

Porque un solo día en el año, no debe ser dedicado a la Madre,
pues en todo el año, no hay un solo día, en que una madre deje
de ser madre, por ello hoy se la dedico con mucho amor, este
hermoso video que encierra toda una verdad acerca de lo que
es ese ser maravilloso como lo es, la MADRE.

Va también dedicado para todas las mamitas del mundo:

PANCHITA

PANCHITA, así la llamamos con cariño mis hermanos y yo, así se llama la MUJER, ESPOSA Y MADRE más maravillosa del MUNDO, de quien orgullosamente soy la última de sus 8 hijos.

PANCHITA, tan sólo pídole a DIOS, te conceda si es posible tu inmortalidad.

Hoy quiero dedicarla este pequeño espacio dentro de mi blog, como un homenaje de agradecimiento a tan grande amor que me ha sabido brindar.

Le amo mucho MAMITA, sé que el destino nos tiene distantes, pero esa distancia no logrará matar el amor materno-hija que nos tenemos, la amo,la extraño, perdón le pido por las cosas en que le he fallado.

Comenzaré redactando la historia, que Ud. misma, con esa felicidad y sonrisa que nunca escapan de su bello rostro, un día me contó.

He aquí:



"Francisca y la muerte"

Abril de 1973. Onelio Jorge Cardoso Cuba.


—Santos y buenos días –dijo la muerte–, y ninguno de los presentes la pudo reconocer. ¡Claro!

Venía la parca con su trenza retorcida bajo el sombrero y su mano amarilla al bolsillo.

—Si no molesto –dijo–, quisiera saber dónde vive la señora Francisca.

—Pues mire –le respondieron, y asomándose a la puerta, señaló un hombre con su dedo rudo de labrador.

—Allá por las cañas bravas que bate el viento, ¿ve? Hay un camino que sube la colina. Arriba hallará la casa.

«Cumplida está» –pensó la muerte y dando las gracias echó a andar por el camino aquella mañana en que, precisamente, había pocas nubes en el cielo y todo el azul resplandecía de luz.

Andando pues!,
- miró la muerte la hora y vió que eran las siete de la mañana.
Para la una y cuarto, pasado el meridiano, estaba en su lista cumplida ya la señora Francisca!.

«Menos mal, poco trabajo; un solo caso», se dijo satisfecha de no fatigarse la muerte y siguió su paso, metiéndose ahora por el camino apretado de romerillo y rocío.

Efectivamente, era el mes de mayo y con los aguaceros caídos no hubo semilla silvestre ni brote que se quedara, bajo tierra sin salir el sol.

Los retoños de las ceibas eran pura caoba transparente. El tronco del guayabo soltaba, a espacios, la corteza, dejando ver caer la carne limpia de la madera. Los cañaverales no tenían una sola hoja amarilla.

Verde era todo, desde el suelo al aire y un olor a vida subiendo de las flores.

Natural que la muerte se tapara la nariz. Lógico también que ni siquiera mirara tanta rama llena de nido, ni tanta abeja con su flor.
- Pero,
¿qué hacerse? ; estaba la muerte de paso por aquí, sin ser su reino.

Así, pues, echó y echó a andar la muerte por los caminos hasta llegar a la casa de Francisca:

—Por favor, con Panchita –dijo adulona la muerte–.

—Abuela salió temprano –contestó una nieta de oro, un poco temerosa aunque la parca seguía con su trenza bajo el sombrero y la mano en el bolsillo.

— ¿Y a qué hora regresa? –Preguntó–.

— ¡Quién lo sabe! –Dijo la madre de la niña–. Depende de los quehaceres.
Por el campo anda, trabajando.

Y la muerte se mordió el labio. No era para menos seguir dando rueda porctanto mundo bonito y ajeno.

—Hace mucho sol. ¿Puedo esperarla aquí?

—Aquí quien viene tiene su casa!,
- Pero puede que ella no regrese hasta el
anochecer o la noche misma.

—« ¡Contra! » pensó la muerte, «se me irá el tren de las cinco. No; mejor voy a buscarla».
Y levantando su voz, dijo la muerte:

—- ¿Dónde, al fijo, pudiera encontrarla ahora?

—De madrugada salió a ordeñar. Seguramente estará en el maíz, sembrando.

— ¿Y dónde está el maizal?, –preguntó la muerte–.

—Siga la cerca y luego verá al campo arado detrás.

—Gracias –dijo seca la muerte y echó a andar de nuevo–.

Pero miró todo el extenso campo arado y no había una alma en él.
Sólo garzas.
- Soltóse la trenza la muerte y rabió:

« ¡Vieja andariega, dónde te habrás metido! »
Escupió y continuó su sendero sin tino.

Una hora después de tener la trenza ardida bajo el sombrero y la naríz repugnada de tanto olor a hierba nueva, la muerte se topó con un caminante.

—Señor, ¿pudiera usted decirme dónde está Francisca por estos campos?

—Tiene suerte –dijo el caminante– media hora lleva en casa de los Noriegas.
Está el niño enfermo y ella fué a sobarle el vientre.

—Gracias –dijo la muerte como un disparo, y apretó el paso–.

Duro y fatigoso era el camino. Además ahora tenía que hacerlo sobre un nuevo terreno arado, sin trillo, y ya se sabe cómo es de incómodo sentar el pie sobre el suelo irregular y tan esponjoso de frescura, que se pierde
la mitad del esfuerzo.

-Así por tanto, llegó la muerte hecha una lástima a casa de los Noriegas:

—Con Francisca, a ver si me hace el favor.

—Ya se marchó.

— ¡Pero, cómo?! ¿Así, tan de pronto?

— ¿Por qué tan de pronto? –Le respondieron–. Sólo vino a ayudarnos con el niño y ya lo hizo.
- ¿A qué viene extrañarse?

—Bueno…, verá –dijo la muerte turbada–, es que siempre una hace su sobremesa en todo, digo yo!!.


-Entonces usted no conoce a Francisca.

-Tengo sus señas -dijo burocrática la Impía.



-A ver; dígalas –esperó la madre–.
- Y la muerte dijo: —Pues…,
con arrugas; desde luego ya son sesenta años…

— ¿Y qué más? —Verá…, el pelo blanco…, casi ningún diente propio…,la nariz, digamos...humm...

¿Digamos qué?

—Filosa.

— ¿Eso es todo?

—Bueno…, por demás nombre y dos apellidos.

—Pero usted no ha hablado de sus ojos.

—Bien!; nublados!…, sí, nublados han de ser…, ahumados por los años.

—No, no la conoce –dijo la mujer– Todo lo dicho está bien, pero no los ojos.
Tiene menos tiempo en la mirada. Ésa, a quien usted busca, no es Francisca.

Y salió la muerte otra vez al camino.
Iba ahora indignada, sin preocuparse mucho por la mano y la trenza, que medio se le asomaba bajo el ala del sombrero.

Anduvo y anduvo. En casa de los González le dijeron que estaba Francisca a un tiro de ojo de allí, cortando pangola para la vaca de los nietos.

Mas, sólo vió la muerte la pangola recién cortada y nada de Francisca, ni siquiera la huella menuda de su paso.

Entonces la muerte, quien ya tenía los pies hinchados dentro de los botines enlodados. Y la camisa negra, más que sudada, sacó su reloj y consultó la hora:

— ¡Dios! ¡Las cuatro y media! ¡Imposible! ¡Se me va el tren!

Y echó la muerte de regreso maldiciendo.

Mientras a dos kilómetros de allí, Francisca escardaba de malas hierbas el jardincito de la escuela.

-Un viejo conocido pasó a caballo y, sonriéndole,
le tiró a su manera el saludo cariñoso

—Francisca, ¿cuándo te vas a morir?

Ella se incorporó asomando medio cuerpo sobre las rosas y le devolvió el saludo alegre:

—Nunca –dijo–, siempre hay algo que hacer.



Según el Comentarista, El cuento “Francisca y la muerte“ es una historia imposible en el mundo real. Es imaginada y narrada por el autor. Sin embargo, Panchita mi Madre, aquel día cuando me contó éste, reía, y me dijo, "más que un cuento, parece que narraron mi vida", pues, mi madre bella, siempre está en movimiento, a pesar de sus 83 años, su
alegría, a pesar de sus sufrimientos, y enfermedades, su arraigo a la vida, su juventud espiritual y agilidad para hacer las cosas cotidianas, su inteligencia, su memoria la pone al nivel de una mujer de 20 años.

A su edad narra cuentos, rie, hace sus bromas, canta, baila, declama, recita poemas que aprendió a sus apenas 6 añitos, no ha olvidado ni siquiera las recitaciones de sus compañeras de clase, hablo de hace 77 años.
Admiro su sabiduría.

PANCHITA SIEMPRE LA LLEVO EN MI CORAZON.



En lo referente al texto literario, éste se caracteriza por crear una realidad propia.
Además, porque su objetivo central es entretener, recrear la realidad, o sea, inventarla.

El relato es fantástico, juega con las palabras, establece relaciones completamente inesperadas y algunas palabras nos remiten a una significación absurda. Pero no siempre lo literario es fantástico, como esta vez, se parece tanto a la realidad, que podemos pensar que los hechos ocurrieron tal como los presenta el autor.

YO TUVE LA MAMA MAS MALA DEL MUNDO

OH PINTOR Julio Jaramillo

A mi Madre...Señora, señora.

Julio Jaramillo - a mi Madrecita

Julio Jaramillo --- Madre Hay Una Sola

LO QUE MI MADRE ME ENSEÑÓ Julio Jaramillo

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Leo Dan a la sombra de mi Madre

CUANDO YO, YA NO PUEDA.

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